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Día del Médico: entrevista al Dr. Diego Gutiérrez, cirujano cardiovascular pediátrico “El médico pocas veces cura, muchas veces alivia y siempre acompaña”

 

Hacía más de dos años que no nos veíamos. Acordamos por wasap el día y la hora de la entrevista. Hacía unos días que había llegado del sur, uno de sus lugares preferidos es Villa La Angostura, allí suele pasar sus días de descanso en donde reparte su tiempo entre la pesca y las charlas con sus amigos y la familia.

Un poco más de una hora nos separa para llegar a su casa. A las 10 de la mañana salimos del Hospital El Cruce y partimos para Vicente López  en donde nos espera el Dr. Diego Gutiérrez, cirujano cardiovascular pediátrico con una vasta trayectoria y reconocimiento en la profesión. Ejerció la medicina durante 47 años, dedicó su vida a cuidar los corazones de los más pequeños. Hoy está jubilado desde hace más de dos años. Nos abre las puertas de su casa con una sonrisa y nos pregunta. si le tenemos miedo a los perros. Lo acompañan Chiruza y Kaú (borracho en guaraní), Diego adora los animales. Nos dirigimos al living y acomodamos la cámara. Nos ofrece una taza de café y comenzamos la charla.

Su paso por el hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce fue muy importante, inició en 2009 el camino de las Cirugías Cardiovasculares Pediátricas, que luego se convirtiera en el Programa de Cardiopatías Congénitas. En la actualidad El Cruce es Centro de Referencia en Cardiopatías Congénitas.

Diego Gutiérrez es oriundo de Chivilcoy. Fue jefe de la División Pediatría y Cirugía Cardiovascular Infantil de la Fundación Favaloro. Organizó y puso en marcha los servicios de su especialidad en los hospitales Garrahan, Niños de la Plata y de la Fundación Favaloro. En 1975 viajó a Sudáfrica junto a su esposa y sus hijas. Allí estuvo dos años y trabajó con el Dr. Christiaan Neethling Barnard, un médico sudafricano que pasó a la historia por haber sido el primero en realizar un trasplante de corazón humano del que se tiene constancia.

  • ¿Qué te dejó el ejercicio de la profesión en todos estos años?
  • Bueno… creo que demasiado. Es un ida y vuelta es más lo que te saca que lo que lo que te da.  También te das cuenta que la medicina ocupa demasiada parte de tu vida. La verdad es que te da muchas cosas pero te quita otras. Porque la medicina no tiene medias tintas, la hacés dedicado o no la hacés. Ahí dejás muchas cosas y obtenés otras tantas. La medicina no solo te deja las cuestiones médicas, te deja muchísimas satisfacciones y otros momentos muy dolorosos. Es muy difícil manejar los agradecimientos. Hay que manejar muy bien esa devoción y afecto que te brindan los pacientes. Una de las cosas que me enseñó mi padre que era médico rural es que hay que manejar esas cosas. No involucrarse demasiado con los pacientes, aunque es muy difícil. Si bien la medicina te da mucho, hoy me doy cuenta que yo le di mucho, dediqué muchas horas. En ese tiempo podría haber hecho un montón de otras cosas. Fundamentalmente pasar más tiempo con la familia y haberle dedicado más tiempo a lo que me gusta hacer a mí salir a pescar con mis amigos, viajar más, me encantan los animales y haber pasado más tiempo con ellos. Yo tengo un lugar en el mundo que es mi pueblo Chivilcoy donde podemos encontrarnos con mis amigos a jugar el truco y contarnos anécdotas por largas horas.
  • ¿Qué significa ser médico para vos y qué le dirías a las nuevas generaciones?
  • Lo que te otorga la sociedad, la gente a los médicos es un lugar que no sé si nos corresponde. Es demasiado, porque es difícil de manejar. Y además tampoco nos conviene porque se pone demasiadas expectativas en nosotros. Lo que le dejaría a los más jóvenes es una frase que decía siempre mi padre, ´el médico pocas veces cura, muchas veces alivia y siempre acompaña, eso es lo que hay que tener en claro. Pero no es poco. Por eso es más interesante el reconocimiento grupal y no llenar de elogios a los médicos porque sino tienden a creérsela.
  • Contános tu experiencia en Sudáfrica
  • Son anécdotas. Nos habían echado del Hospital de Niños de Buenos Aires por el proceso militar. Yo en ese entonces era jefe de instructores de Residentes. Ni mi esposa ni yo no teníamos trabajo. Por casualidad en un congreso mi suegro médico también conoció a un irlandés que tenía la especialidad de imagen como mi mujer y que trabajaba en Sudáfrica. Lo invitó a la Argentina. Vino y en una cena nos propone ir a Sudáfrica a trabajar. Y a los quince días me llega a casa una carta del Dr. Christiaan Barnard con el ofrecimiento de trabajo para mí y mi esposa. Me dirigí a la Embajada de Sudáfrica y presenté la carta de Barnard y a la semana estaba viajando con mi familia para Sudáfrica.

Para mí esa experiencia fue más humana que médica. Llegué y tenía todo resuelto la casa alquilada e incluso un auto. Ellos lo que querían era que nos dediquemos exclusivamente a trabajar como médicos. Tienen un excelente concepto de los médicos argentinos y de la Universidad de Medicina. Estuvimos dos años en Sudáfrica y tuvimos grandes experiencias. Igual estaba conectado  con Argentina escuchaba los goles de San Lorenzo, me enviaban por avión los chorizo de campo. Hasta que decidimos volver.

Lo feo que aún recuerdo es que los negros se operaban a la tarde y los blancos a la mañana. Los negros tenían que apagar las luces de la habitación a las nueve de la noche y no tenían televisor. Era muy notoria la diferencia. Esto fue en los años ´78 y ´79. Sin embargo en el hospital de Niños todos eran iguales. Yo fuí el primero que operó un blanco porque por lo general se empezaba a atender negros. Eso era una cosa terrible. Pero nosotros nos llevábamos también con ellos. En ese momento desde el punto de vista de la tecnología estaban muy equipados. Con un muy nivel de enfermería. En realidad a todas las profesiones que rodean al médico en Sudáfrica en ese momento tenían un buen concepto. Las instrumentadoras quirúrgicas, los técnicos estaban totalmente jerarquizados como los médicos.

  • En el Hospital El Cruce armaste el equipo de cirugía infantil, ¿qué recuerdos tenés de esos años?
  • Lo de El Cruce fue muy grato. Porque me sorprendió. Yo estaba jubilado desde el punto de vista de los papeles, desde el punto de vista médico no. No sé cómo salió mi nombre, pero me llamaron para tener una entrevista, me contaron la idea y me parecía tan difícil de implementar en la Argentina, en Florencio Varela, con un sistema en red, atención por derivación.  A mí me parecía poco probable que llegara a buen puerto. Sin embargo un grupo de personas inteligentes pudo lograrlo. Esas cosas suceden solo una vez. Poder elegir a los profesionales y poder armar los equipos de trabajo, lo hicieron con un gran acierto. Nunca tuve una experiencia igual. Fue una experiencia extraordinaria. Primero fuimos eligiendo a los profesionales y al poco tiempo querían venir al El Cruce. Fue un  éxito total, luego el Programa de Cardiopatías Congénitas obtuvo el reconocimiento y pasó a ser Centro de Referencia. Era muy interesante el espacio de la reunión de los miércoles con los jefes de servicio. A mí me encantó ser parte del Hospital El Cruce.